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Misma cosa con creerse los lemas feministas desde la cabeza sin haberlos bajado al cuerpo

No se crece emocionalmente si no es desde la experiencia propia

Solo un insight tras de otro deconstruyen, el resto es como estudiarse de memorieta la lista de reyes godos, como la secta del telar y demás mierdas en plan “creer es crear”

El cambio viene de moquear el kleenex y del compromiso continuo con una misma, no de tratar de reprogramarnos con frases manidas que nos vienen bien

Porque no somos máquinas
Porque así no calan

y traigo el texto de Maria Sabroso, con la que estoy de acuerdísimo:

María Sabroso3 de junio a las 09:10

Si yo me quiero querer, pero.

Tengo cada vez más claro que nadie se quiere bien a golpe de decreto, ni porque una se lo repita muchas veces, se lea tres libros o haga un curso.

Primeramente porque decidir algo desde lo mental y poder sostener esa decisión son cuestiones diferentes. Sostener un proceso es incómodo, no suele ser como lo imaginábamos y requiere un compromiso profundo y variables que a veces escapan a nuestro control.

Al mismo tiempo habitamos dentro de un sistema social que propicia la desconexión y un automático de género que nos invita u obliga a las mujeres a no ver, a no vernos.

Conocí en casa de un familiar una vez a una actriz que con los años se convertiría en bastante famosa. Aquella noche me contó que tenía grandes dificultades con su imagen personal y que no se quería nada.
En aquel momento existía una especie de gurú del empoderamiento femenino, así que ella compró unos audios de mejoramiento personal de esta mujer y se los ponía en la peluquería en la que trabajaba mientras, rodeada de espejos, repetía como Mantra :
Yo me quiero, yo me quiero, me quiero. Me quiero mucho.
Y oye, que no funcionaba para nada, me dijo.
Casi me sentía peor.

Me di cuenta, comentaba ella aquella madrugada, que nuestro bienestar como mujeres no depende tanto de factores internos, de cuestiones intrapsíquicas.
Tiene que ver y mucho con un sistema social que nos influye, modela y construye nuestra subjetividad.
Tiene que ver con la economía que te permite tener una existencia más allá de sobrevivir, tiene que ver con una vivienda digna, tiene que ver con un nivel de vida en términos de salud, tiene que ver con la red vincular, tiene que ver con las demandas de cuidados por parte de otros excesivas y ansiógenas, con el nivel de sufrimiento y la energía necesaria para obtener un sueldo, tiene que ver con el tipo de pareja que tengamos, con la posibilidad de cuidarse y protegerse del daño externo.
Tiene que ver con lo económico, social y grupal.

Así que, dijo ella algo emocionada ya, ahora me quiero más, pero no porque me lo haya repetido mil veces, sino porque ahora puedo tener un estado sostenido en el tiempo de satisfacción personal, de trabajo digno y de vida vivible de verdad.

Nena, terminó, no te creas a quien te orienta la vida desde los privilegios y la solvencia.
No funciona.

Eso son éticas a la carta, autoamores de artificio de quien puede permitirse desde la estrecha mirada y un cómodo sofá decir ay, cuánto me quiero.

Buen día, otro día.