Factor de género en psicología y psiquiatría.

Más claro, útero e histeria …. ¿ sabías que de alguna manera vienen a ser lo mismo ?

La palabra histeria viene del griego hystero, que quiere decir útero. En la Antigua Grecia, Hipócrates sugirió que la histeria surgía de un disfunción del útero que provocaba que las mujeres entren en estados catatónicos cuyos síntomas iban desde alucinaciones hasta una líbido sexual elevada. Se pensaba que el útero “errante” se movía dentro de la mujer y que había que volver a colocarlo en su lugar, siguiendo tratamientos que hoy suenan disparatados (como colocar ungüentos de olores fuertes en el estómago para hacer que el útero se desplace hacia arriba). A la histeria la llamaban “asfixia de útero”.

En palabras de Nessa Tean:  tomó siglos erradicar esta idea falsa de que la histeria era una condición usual y reservada para las mujeres. Durante los juicios a las brujas de Salem, en el siglo diecisiete en Massachusetts, la premisa era que las mujeres eran más débiles “emocional y espiritualmente”, y por lo tanto más propensas a ser  influenciadas por el Diablo. Se dijo que las mujeres acusadas de brujería mostraban signos de histeria provocada por una entidad diabólica. El nexo entre histeria, el género femenino y lo diabólico o sobrenatural venía de la Edad Media, y continuó siendo una creencia muy arraigada en varias religiones, como el catolicismo y algunas ramas del judaísmo.

En el siglo diecisiete, el doctor inglés Thomas Sydenham escribió un tratado sobre el tema y aseguró que, después de la fiebre, la histeria era la enfermedad más común entre las mujeres. Para entonces, la lista de síntomas era tan extensa, que cualquier malestar que mostrara una mujer —desde falta de autoestima hasta insomnio— podía diagnosticarse como indicio de histeria. Se pensaba que las adultas solteras eran la más propensas a padecerla, ya que se relacionaba a la enfermedad con la falta de una vida sexual normal o activa.

La palabra buscaba normar cómo las mujeres vivían su sexualidad. De hecho, a manera de tratamiento, los doctores utilizaban sus dedos para provocar orgasmos en las pacientes argumentando que era una de las maneras más efectivas de combatir la enfermedad. Un siglo después, el psicoanalista Sigmund Freud revisitó el término y concluyó que la histeria provenía de los deseos sexuales reprimidos o de traumas infantiles ligados a la sexualidad. Se descartó cualquier relación entre la histeria y el útero: pasó de ser un trastorno físico a una aflicción emocional y psicológica que los hombres también podrían padecer, aunque Freud sostenía que las mujeres son más propensas a tener  deseos sexuales insatisfechos —y, por lo tanto, a ser histéricas.

Más allá de su uso en el ámbito médico, histérica tiene una connotación peyorativa. En 1908, el London Times publicó un editorial en contra de las sufragistas en el que afirmaba: “Uno no necesita estar en contra del sufragio femenino para darse cuenta de que algunas de sus defensoras más violentas sufren de histeria. Usamos el término sin ninguna precisión científica, sino porque es la palabra que se utiliza para definir esta especie de entusiasmo degenerado en excitamiento nervioso”. La palabra en sí sugiere que quien padece de histeria está actuando desde la emoción y no desde la racionalidad.

Cuando hice el PROTOANÁLISIS DEL SAT ( Eneagrama de Claudio Naranjo), no me pareció casualidad que el panel del Eneatipo 2 estuviera eminentemente compuesto por mujeres ( y el 7 por hombres ).

La otra semana me quedé con ganas de escuchar en las Jornadas de Marcando Pezón en Valladolid a una compañera que vino a hablar en primera persona ( qué valiente! ) sobre el trastorno límite de personalidad y la violencia de género.

Además de la histeria, otros diagnósticos nos esperan en función del género: http://www.pikaramagazine.com/2013/04/%C2%BFlocas/